Dicen ellos que nunca comprenderán a las mujeres, pero basta que te reúnas con tus amigas y descubras que al parecer, son más las cosas que nunca entenderemos de ellos.
Nunca saben lo que sienten
Si les haces la pregunta pavorosa para ellos, ¿qué sientes por mí?, la evadirán todo lo que puedan o te mirarán con ojos de no saber si están enamorados, acostumbrados a tu cara, y te dirán la célebre frase: “Tú ya sabes”. Con eso quedan como príncipes, pero te dejan en el mismo punto: nada de nada. Según Ana von Rebeur, autora del libro ¿Quién entiende a los hombres? hay que partir del hecho que ellos mismos nunca saben lo que sienten. “Si tú les pides definiciones, no es que no te las quieran dar, es que no las tienen. Es que así son ellos, muy despegados de sus sentimientos”.
El sexo no implica compromiso
Por eso, mientras para nosotras tener relaciones sexuales puede ser una muestra de algo más serio o, como dicen, pasar a un nivel superior, ellos no afrontan problema alguno en tenerlo sin involucrarse. Simplemente se conforman con saber que tienen una compañera sexual para “pasarla rico” o una aventura que puede no tener mayores implicaciones en su matrimonio. Ellos tienen el control, o por lo menos es lo que dicen.
Les cuesta mucho enamorarse, pero más desenamorarse
Son como jabones húmedos, resbaladizos y escurridizos y se convierte casi en un premio que sean capaces de enamorarse de ti, pero al mismo tiempo les cuesta, según Ana von Rebeur, desenamorarse también. Por ello, si te das cuenta, es raro que un hombre involucrado en una relación seria y afianzada sea el que diga adiós. Von rebeur en su blog comenta que las estadísticas mundiales muestran que alrededor de 90% de los divorcios los piden las mujeres. Y si acaso ellos son los que se van, lo hacen por un ratico y terminan siempre pidiendo que los dejes volver y se convierte casi en un premio que sean capaces de enamorarse de ti, pero al mismo tiempo les cuesta, según Ana von Rebeur, desenamorarse también. Por ello, si te das cuenta, es raro que un hombre involucrado en una relación seria y afianzada sea el que diga adiós. Von rebeur en su blog comenta que las estadísticas mundiales muestran que alrededor de 90% de los divorcios los piden las mujeres. Y si acaso ellos son los que se van, lo hacen por un ratico y terminan siempre pidiendo que los dejes volver a casa. ¡Quién los entiende!
No pueden admitir sus errores
Parece que no es un síndrome cultural porque en el mundo todos lo padecen; ellos son incapaces de
admitir sus errores y más aún de pedir ayuda. De pronto es una ventaja para nosotras, pero sí que
nos molesta. Tal vez han sido educados para ser fuertes, perfectos y ganadores, así que reconocer un error es admitir la falta de poder y eso afecta su masculinidad.
Pero ¡ay si refunden el camino!, porque les escucharás decir: ¿que estoy perdido? ¡No!, la perdida eres tú
que no supiste darme las indicaciones correctas.
Y qué tal si se pierden. ¡Eso es el juicio final! No preguntan. Prefieren dar vueltas y vueltas antes que otro de su misma especie piense mal de ellos. ¡Soberana tontería!
No aprendieron modales
Hasta al más culto y refinado, una vez toma confianza, lo puedes ver transformarse en una versión poco glamorosa de Shrek. Beben del pico de la botella, se rascan la barriga o los pies, eructan a capela, se rascan sus partes íntimas y se las acomodan sin ningún pudor; mastican con la boca abierta, salpican el inodoro y además ni siquiera se lavan las manos. Una vez en sesión en el baño, dejan todo mojado y no ayudan a limpiar, y para completar el cuadro dejan la toalla tirada, los pedos salen por doquier libres como el viento, y por si fuera poco, si no los incentivas, pueden ni siquiera lavarse los dientes.
Son cero comunicativos
Eso quiere decir que se perdió la inversión en clases de español, lenguaje o expresión. Ellos son incapaces de responder adecuadamente y comunicarse con palabras que se encuentran en el diccionario:
• Para decir “soy feliz” ellos sólo dicen “¡Ahhhhhhh!”, mientras se tumban en un sofá
• No te dicen que te aprecian, te guiñan el ojo
• No te dicen que estás bonita, te lanzan un silbido
• No te dicen que están deprimidos u ofendidos, se duermen
• Si les estás contando algo importante, ellos sólo te dicen “ajá”.
• Y si se conmueven, te abrazan. Claro que esto no es tan malo. Los abrazos pueden convertir un mal día en uno luminoso y además salen del corazón, como lo afirma Von rebeur.
Viven obsesionados por el tamaño
Tal vez piensen que de allí depende su hombría. Es usual que se lo miren en el espejo, ya sea admirando
su tamaño o fantaseando con pasar de un tamaño chino a uno africano. Pero la verdad es que cuando
son patanes, poco románticos o de actitudes demasiado delicadas contigo, es probable que para ti el
tamaño pase a ser lo menos importante.
Pasan largas horas en el baño
No necesariamente estamos hablando de los metrosexuales que a veces exageran no sólo en el tiempo sino en el gasto de todo (agua, jabón, cremas o geles), sino de los hombres comunes y corrientes
que necesitan revistas de muchas páginas para pasar el rato sentados en el inodoro.
La autora del libro ¿Quién entiende a los hombres?, tiene una teoría bastante original. Definitivamente los
hombres no encajan ni caen en la casa. Nunca se sabe dónde ubicar a un hombre: son anchos, altos, pesados, calzan zapatos muy grandes, se chocan con todo, atropellan los muebles, taponan las puertas de entrada y salida, dejan sus cosas tiradas donde tú acabas de limpiar, de forma tal que el baño se convierte en el único lugar donde pueden estar tranquilos sin ser echados por nadie. Es el único trono que han podido conquistar.
Quieren demasiado a su mamita
No es que como mujeres no entendamos el concepto y la importancia de una madre, es que tal vez la visión de hombre vs. mami, no encaja con el que nos mostraron para conquistarnos: el independiente, ma-
duro, crecido y todopoderoso.
Si mami dice “ven”, ellos corren presurosos. Si mami opinó sobre su ropa, esa es la que tienen que comprar. Si acaso mami escogió con antelación el sitio donde vivir, el colegio donde deberían estudiar sus nietecitos, y otras cosas que para ellos son ‘simples’, corren como borregos a obedecer sus mandatos.
Nada más contraproducente para la libido que un hombre “mamito”. ¡Hay que decírselo!
Andan en manada
Son incapaces de salir solos, por ello no es difícil encontrar bares, cafeterías, billares, discotecas y clu-
bes donde ‘los amigos’ van a departir. Se burlan insistentemente de los primíparos en las universidades
porque andan en grupitos, pero ellos siguen siendo una especie de primates de manada. ¿Será algo de
mieditis aguditis?
Se esfuerzan por huir después del orgasmo
Parece que les pica, pero después de haber realiza- do una faena exitosa donde son los amos, capaces de besarnos, acariciarnos, mordernos y hacernos ver estrellas, una vez tienen su orgasmo sólo quieren “su espacio”.
Los más enamorados tratan de disimularlo, pero eso de las caricias, el abracito o apachiche simplemente no va con ellos. Nosotras queremos que nos reafirmen que no fue solamente sexo, que hay algo de compromiso y que sienten algo, así no sean capaces de decirlo.
Algunos osados “huyen por la derecha” y pueden inventar varias excusas como ir al baño, querer algo de comer para “reponer fuerzas”, o simplemente mirar el reloj con asombro de lo tarde que es. Allí la huida es inminente.
Y claro que para las mujeres puede ser algo positivo o sospechoso el que planes como ir de paseo, tomar una copa, jugar billar o fútbol, curiosamente sea sólo con varones. Nunca te dirán que van con mujeres.
Como en los principios de la humanidad, parece que hay actividades “sólo para varones”, mientras que para nosotras es fácil salir con amigos de los dos sexos.