Son las 5:40 de la mañana y en medio del albor y frío de esta hora en la zona industrial Montevideo de Bogotá, Adolfo Montenegro ubica cuidadosamente la ambulancia. Es hora de preparar el vehículo para el inicio del día. Como conductor ha aprendido que la ambulancia forma parte de su vestido y la extensión de sus habilidades, que en todos los casos se convierte en un valor agregado a la hora de sanar y salvar vidas, como lo haría con su propio hijo de 11 años. Inmediatamente parqueado aparece Francisco González, o Pacho, como le dicen cariñosamente sus compañeros de trabajo.
Él es el enfermero de la ambulancia y pieza clave en esta labor emi. A esta hora del día revisa el equipo, el estado de los implementos y hasta limpia. Hay que revisar las balas de oxígeno apostadas debajo del asiento horizontal, el ventilador, succionador, bomba de infusión, nebulizador, maletín de paro, desfibrilador, y un sin número de elementos que deben estar en orden, cargados, aseados y en su lugar para iniciar la labor. Él lleva un año de trabajo con emi y 10 años ejerciendo su profesión. Tiene dos niños y es un apasionado de esa “adrenalina” que se genera cuando de curar, aliviar o salvar vidas se trata. “Claro que no todo es eso, también hay momentos muy dolorosos cuando la gente se muere” – comenta mientras su rostro adquiere una actitud de seriedad elocuente. “Recuerdo un muchacho en particular de un accidente con un TransMilenio, que estaba muy mal y aún en sus últimos momentos, cuando no debía estar siquiera consciente, me apretó la mano muy fuerte y me dijo: ‘¡por favor ayúdeme!’ Ese rostro jamás se me olvidará”.
Son las 5:50 de la mañana y nos presentan a la doctora Laura Vargas, médica cirujana general, soltera, una profesional muy cálida de 29 años de edad, que aunque nació en Armenia, vivió su niñez y adolescencia en Tunja y luego estudió en Bogotá, así que tiene un poco de calentana y rola, una mezcla muy interesante para entender la idiosincrasia de cada paciente. 6:00 a.m., el coordinador de ambulancias nos convoca y nos da la partida. Avanzamos y empieza a sonar el radio. Nos dirigimos a la “base Polo”, uno de los puntos de la ciudad donde emi ha estipulado que su ambulancia esté “siempre lista”.
De las 6:30 a las 7:35 a.m. se atienden dos pacientes jóvenes por gastroenteritis viral y migraña. Luego nos espera en Cedritos una paciente de 76 años con mareo y vértigo, una llamada de alerta por la edad y los síntomas, así que se enciende la sirena y estamos en un código 2 o medianamente grave que lo amerita. Al llegar se abre la puerta y una mujer menuda, delgada, pero de cara afable, nos recibe. Ella es la paciente.
En un ambiente muy familiar, donde su mano femenina se nota, atiende la consulta en la sala de su apartamento. Desde el día anterior ha tenido mareo y se siente muy débil y enferma. No ha comido mucho y siente náuseas. La doctora Laura le hace las preguntas de rigor y cuidadosamente la ausculta. “Doña Clarita”, como se llama, bromea con el equipo y nos cuenta que trabaja como voluntaria en Usaquén en un hogar geriátrico donde pasa su tiempo libre, se divierte y se acompaña con otros. Por lo que escucha la doctora en su corazón, pasamos a su cuarto para realizar un electrocardiograma. Con tranquilidad y pidiendo los permisos del caso, Francisco se sienta en su cama para poner los conectores del electro; ella con voz cansada pero alegre bromea con él diciendo: “Por mí que se quede aquí conmigo”.
Luego de revisar carpetas, comparar electros y oírla nerviosa por las agujas, porque según ella, aunque también coloca inyecciones, “esos chuzones no le gustan”, se oye el diagnóstico de la doctora: tiene una otitis con síndrome vertiginoso secundario y es necesario pedir cita urgente a la EPS con el cardiólogo. Le recetan los medicamentos, nos despedimos y a las 8:14 ya estamos de nuevo en la ambulancia.
Son las 9:30 a.m. Mientras vamos en camino hacia una de las bases suena de nuevo el radio. Esta vez es una paciente de 59 años con una gripe muy fuerte, que como si fuera un caso de máxima urgencia atiende emi, pues su vocación es el paciente. Después de ella viene otro código 02 en un área protegida como Unicentro, donde emi tiene convenio y atiende todas sus emergencias.
Son las 9:58 a.m., ingresamos a Bancolombia por una paciente de 30 años. Subimos a un segundo piso con alg unas sillas, cercano a los baños y a la cafetería. La paciente, muy juiciosa con su labor de cajera hace cuatro años en esta entidad financiera, sigue atendiendo a un cliente. Por fin vemos subir las escaleras a una mujer joven de cabello crespo y con evidente congestión y malestar. Le duele el pecho al respirar, tiene dolor de garganta, de oídos y sus ojos están bastante irritados.
La doctora Laura llena con cuidado el formato, hace las preguntas de rigor e inicia un examen donde la paciente parece huirle a la auscultación de oído, y con razón. Tiene otitis y faringitis que deben ser tratadas. Todo está coordinado perfectamente y Francisco procede a preparar sus implementos para aplicarle a la paciente una Dipirona, que prefiere lo haga con ella de pie. Luego del pinchazo, firma a los papeles que le entrega la doctora Laura y su incapacidad. ¡Buena suerte! le deseamos y salimos hacia la ambulancia.
Son las 10:30 a.m. y está en curso otro código 02 en la institución educativa Canapro. Suena la sirena y esta vez hay que dirigirse a la enfermería donde una estudiante tiene una lesión de rodilla. Una vez en el lugar, Francisco empieza a alistar los implementos para enyesar o inm ovilizar si es necesario. Al llegar a la enfermería encontramos sobre una tabla de emergencias, rodeada de cuatro de sus compañeros que la consienten, una joven de 17 años, estudiante de 11 grado, en pantaloneta y camiseta. Es en Canapro época de torneos de fútbol femenino y las lesiones no se hacen esperar. Aunque sus amigos están revolucionados por lo que pasó, son retirados de la enfermería para que ingrese el equipo emi, que esta vez tiene también a Adolfo como parte integrante. La joven presenta una herida en una de las rodillas, pero al parecer la lesionada ya se volvió a acomodar sola: “Estaba con la rodilla al lado derecho y me dolía mucho. De pronto, pegó un salto y se acomodó en su lugar sol ita”, relata ella aterrada.
La doctora la revisa y le cuenta que sufrió una luxación de rodilla y que en esos casos suele pasar que se acomode sola. Se hacen los movimientos respectivos y la profesional emi recomienda que sea tomada una radiografía para descartar alguna lesión. Le aplican medicamento para desinflamar y antes que el equipo se despida llega otra niña a la enfermería, curiosamente participante del mismo partido donde resultó lastimada la menor.
Son las 10:45 de la mañana, se trata de una estudiante que jugaba como la arquera y presenta un trauma leve de tejido blando. Es necesario que sea valorada por el ortopedista. De allí y en un lapso desde las 12:37 hasta la 1:45 p.m., no hay tregua para estos valientes de la salud. Se atiende una bebé que ha llorado toda la noche y una abuelita de 96 años con hipertensión, diabetes y mal de Parkinson, es una paciente frecuente de emi.
Es la 1:50 p.m., y la radio habla de un código 3. Esta vez hay un paciente malherido en un accidente de tránsito. La velocidad se aumenta, la sirena se enciende y la adrenalina fluye. Encontramos un hombre medianamente joven tirado en el suelo junto a su auto colisionado. La sangre brota de su cabeza, sus brazos y piernas. Rápidamente el equipo baja, con cuidado revisa sus heridas, las limpia, pero el hombre de 35 años está en shock nervioso debido a la impresión del impacto. Pronto es estabilizado, el paciente puede hablar y llega su familia a la escena del accidente. Lo trasladamos a un hospital cercano para los exámenes de rigor que descarten cualquier lesión interna. Un apretón de manos y una sonrisa, son la paga esta vez. El paciente está a salvo y el equipo emi ha cumplido.
Son las 2:20 p.m. y concluye el turno. El grupo emi se dirige a la base central para entregar la ambulancia. ¡Valió la pena! No importa lo sencillo o grave del problema, sólo una llamada ha acercado hoy a muchos a la calidez de un grupo de profesionales que trabajan para los clientes emi que han depositado su amor y su confianza en un servicio lleno de vida.